La bailaora y gestora cultural uruguaya, afincada en Sevilla desde hace más de dos décadas, repasa su trayectoria y reflexiona sobre su proyecto “Flamenco a ciegas”. Daniela Caminos llegó al flamenco desde la otra orilla del Atlántico. Nació en Montevideo, comenzó allí su formación como bailaora, pasó unos años intensos por Nueva York y terminó instalándose en Sevilla, donde vive desde hace más de veinte años. Bailaora y gestora cultural, hoy combina la memoria de una larga trayectoria con nuevos proyectos, entre ellos “Flamenco a ciegas”. En una extensa conversación telefónica reconstruyó ese recorrido, que empieza con un ritmo escuchado en la radio. El ritmo fulminante en la radio El flamenco entró en su vida mucho antes de que supiera ponerle nombre. “Desde chica, mi abuela ponía la radio y escuchábamos música española; entre esa música había cosas con ritmo flamenco, tipo rumba”, recuerda. Con los años descubrió que varias de aquellas canciones que se sabía de memoria eran de la cantante sevillana María Jiménez. “Tenían un ritmo arrollador, de rumba flamenca, y eso me entraba por el oído. El ritmo siempre estuvo en mí.” La danza llegó a través del teatro. Hacía teatro con una amiga cuando vio bailar flamenco por primera vez, en la pantalla del televisor, con la imagen de Carmen Amaya en “Los Tarantos”. Aprovechaba los ensayos para ponerse a bailar flamenco, y entonces, con esta amiga, definieron que iban a ir a por ello. El encuentro decisivo fue en una academia: “Estaban las chicas bailando por seguiriyas, todas de negro. De eso no me olvido nunca. Fue un flechazo. Dije: esto es lo mío”....