Nino de los Reyes regresó al origen con “Vuelta al Sol”
El pasado 21 de febrero, el bailaor Nino de los Reyes deleitó al público en el Centro Social Blas Infante con Vuelta al Sol, un espectáculo concebido como un viaje hacia la raíz de su vocación flamenca. Dirigida e interpretada por el propio artista y bajo la co-dirección artística y escénica de Jesús Carmona, la propuesta reconstruyó la historia simbólica de un niño que, casi sin saberlo, encontró en el ritmo el pulso natural de su cuerpo .
Bajo la luz del “cuerpo celeste”, el niño descubre una fuerza que transforma el movimiento en baile, donde el compás marca el tiempo de la vida . Esta metáfora dialoga directamente con la biografía del artista, que nació en una familia de bailaores (Ramón de los Reyes y Clara Ramona). Desde bien pequeño, comenzó a bailar en casa y, con solo nueve años, inició su carrera profesional de la mano de Paco Sánchez, fundador de la Cumbre Flamenca
A lo largo de su trayectoria, ha formado parte de compañías como El Güito, Carmen Cortés o Javier Barón. Además, ha compartido escenario con Enrique Morente y Pepe Habichuela, entre otras figuras. La curiosidad creativa también lo ha llevado a la creación de sus propios expectáculos, como pueden ser Origen (premios a Mejor Coreografía de Solo, Mejor Composición Musical y Joven Promesa del Flamenco en el Certamen de Coreografía de Danza Española y Flamenco), Inside, Tierra o Uno más de la banda.
Su proyección internacional también ha sido notable. Participó en el álbum Antidote (2020) de Chick Corea con la Spanish Heart Band, trabajo por el que fue galardonado con un Grammy, convirtiéndose en «el único bailaor flamenco premiado con este galardón», según la Dance Magazine. Otro de sus proyectos internacionales destacables es la colaboración en el álbum Stranger to Stranger de Paul Simon.
Vuelta al Sol, que inició su andadura en el festival SUMA Flamenca en los Teatros del Canal , confirmó esa constante en la carrera de Nino de los Reyes: la búsqueda de la esencia. Más que un ejercicio de memoria, la obra se reveló como una afirmación de identidad, un regreso consciente al primer impulso que convirtió el juego en vocación y la vocación en arte.

