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El señor don Gato: el romance que cada pueblo cantó a su manera

El señor don Gato: el romance que cada pueblo cantó a su manera

Si algo deja claro la tradición oral es que las canciones no se conservan como piezas de museo: se usan. Se cantan, se olvidan a medias, se recomponen y vuelven a circular. Y pocas explican mejor este proceso —conocido como recreación comunal— que el romance de El señor don Gato.

La historia es simple y, precisamente por eso, resistente: un gato recibe noticias de boda, se entusiasma, sufre una caída aparatosa y acaba muerto, resucitado… o ambas cosas, según la versión. A partir de ahí, la comunidad hace lo que siempre ha hecho con sus relatos cantados: variarlos sin pedir permiso.

¿Qué cambia entre versiones? Pues lo que cambia en cualquier conversación de bar: el detalle. El gato puede estar “sentadito en su tejado” o sentado en “silla de oro”; la gata puede ser blanca, negra, parda o montesa; y el parentesco se vuelve un árbol genealógico digno de sobremesa televisiva: hija, sobrina o vecina de otro gato. Basta comparar estrofas reales para verlo claro. En unas versiones se canta:
«Estaba el señor don Gato,
sentadito en su tejado…»

mientras que en otras el arranque sube de categoría social:
«Estando el señor don Gato
sentadito en silla de oro…»

La prometida tampoco se queda atrás. Puede ser
«una gatita negra,
vecina de un gato pardo»

o
«una gata montesa,
sobrina de un gato pardo»
.
La historia es la misma, pero el decorado cambia, y a nadie se le ocurre corregirlo. En la tradición oral no hay erratas: hay variantes.

Y la caída, que es el gran momento dramático del romance, también se personaliza según el lugar y la imaginación del transmisor. En algunas versiones el gato se cae simplemente de la emoción al recibir la noticia de la boda:
«Al oír esta noticia
se ha caído del tejado…»

En otras, la desgracia llega cuando decide ir a ver a la prometida:
«Un día por ir a verla
se ha caído del tejado…»

Y no faltan las variantes más teatrales, donde la caída se precipita por un beso o un exceso de entusiasmo amoroso. Sea por alegría, por prisa o por arrebato, el resultado es siempre el mismo: el gato acaba en el suelo… y el romance, en manos del ingenio popular.

Pero Don Gato no cambia solo de palabras: también cambia de música. Aquí conviene distinguir dos realidades. Por un lado, las variantes musicales: la misma melodía básica con pequeños retoques de tonalidad, ritmo o fraseo. Por otro, las versiones musicales: melodías distintas para un texto muy parecido. Dicho de forma sencilla: Don Gato puede sonar como la canción infantil “de toda la vida”… o convertirse en otra cosa muy distinta según quién lo cante y dónde. En la música tradicional, el retoque no es una traición: es la norma.

Este fenómeno se observa con claridad en Castilla-La Mancha, territorio históricamente de paso y de mezcla cultural. Los cancioneros de la región recogen textos y melodías diversas, y el Cancionero Musical Manchego, de Pedro Echevarría Bravo, conserva ejemplos especialmente reveladores. En uno de ellos, Don Gato aparece con el arranque más reconocible —«Estaba el señor don Gato, sentadito en su tejado…»— y una melodía cercana a la versión infantil estándar, clara y en tono mayor. En cambio, otra versión recogida en el mismo cancionero comienza con «Estando el gatito pardo sentadito en silla de oro…» y se canta con una melodía en tonalidad menor, de carácter mucho más serio y melancólico. El texto es mínimo, pero el cambio musical transforma por completo la escena.

Y ahí está la clave. El señor don Gato no tiene una versión auténtica. Tiene muchas. Cada pueblo lo cantó como quiso y, al hacerlo, lo mantuvo vivo. Mientras alguien siga recordando una estrofa, cambiando una palabra o cayéndose del tejado con él, Don Gato seguirá teniendo muchas más de siete vidas.

Referencias sonoras recomendadas
  • Bridges of Song: Music of the Spanish Jews of Morocco
    Intérpretes: Voice of the Turtle
    Sello: Titanic Records (Massachusetts, EE. UU.)
    Pista: Estaba el Señor Don Gato

    Documento fundamental para comprender una variante musical de tradición sefardí, con rasgos melódicos diferenciados respecto a la versión infantil estándar. Muy citado en estudios sobre romancero judeoespañol y transmisión oral fuera de la península.

  • Canciones para niños
    Intérprete: Rosa León
    Sello: Fonomusic (Madrid)
    Pista: Estaba el Sr. Don Gato

    Ejemplo claro de versión musical difundida en el ámbito educativo y discográfico, representativa de la melodía más común en tono mayor. Útil como referencia de la versión “canónica” contemporánea del romance.

  • Cancionero Musical Manchego (material sonoro asociado)
    Recopilador: Pedro Echevarría Bravo
    Editor: CSIC – Diputación de Ciudad Real

    Incluye transcripciones y referencias a ejemplos sonoros recogidos en Castilla-La Mancha, entre ellos una versión en tonalidad menor (Estando el gatito pardo sentadito en silla de oro…), especialmente relevante por su carácter melancólico y poco habitual dentro del repertorio de Don Gato.

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