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Educación y flamenco Articles

DE FERROCARRILES, PILAS ALCALINAS Y OTRAS PALABRAS

La pregunta del millón: ¿Hay palabras antipoéticas? He sido profesor de Lengua y Literatura durante treinta y cinco años en educación secundaria, y, a la vez, como asociado de Universidad, de Teoría de la Literatura en Filología Hispánica y cuatro más en Ciencias de la Educación. Todos estos años de experiencia, unidos a mis lecturas de poesía, que centraron también mi tesis doctoral defendida en 1998 en la Universidad de Sevilla, me llevan a la conclusión, y así lo he expresado y defendido, de que propiamente no hay palabras antipoéticas. Es decir, que palabras como cucaracha, moco, mierda, o ferrocarril, máquina, etc., no son en sí sino medios de expresión para la comunicación diaria y también para la poética. La lírica, el arte de la poesía, no excluye palabra alguna. Muestras de ello hay muchas y de grandes autores. ¿Les suenan Quevedo, Bécquer, Dámaso Alonso, Rafael Morales, Ángel González y tantos otros? En sus versos encontramos palabras como las anteriores, y peores, digamos, para entendernos. Y eso, en un contexto poético de calidad, no resta categoría al poema. Ahí tienen, por ejemplo, el soneto al cubo de la basura de Rafael Morales, que tantas veces leí a mis alumnos. Otra cosa es que palabras que evocan cosas o personas agradables, en principio, como miel, luna, madre, rosa, cuna, árbol, etc., nos seduzcan más, sobre todo si el poema que las incluye es, como decíamos, de alta calidad. Pero todo es cuestión, incluso en ese caso, de subjetividad, tanto por parte del escritor como del lector. Miren si no la palabra árbol, de entrada hermosa y evocadora, en esta letra...

La estilización fonética del cante flamenco: sonidos que se conservan a lo largo del tiempo

Lee estos versos de Lorca: “El sueño va sobre el tiempo / flotando como un velero. /Nadie puede abrir semillas / en el corazón del sueño”. Ahora, interpreta estos versos utilizando la música de La leyenda del tiempo de Camarón. ¿Has observado algún cambio fonético entre la primera lectura y en la interpretación? Seguramente sí y, de hecho, independientemente de dónde sea el lector de estas líneas, habrá pronunciado, por ejemplo, corasón, y no “corazón”. Según las conclusiones de los últimos estudios sobre el flamenco desde el punto de vista lingüístico, este cambio fonético (y otros muchos que utiliza quien canta flamenco) tiene una justificación histórica y lingüística. Parece que, a mediados del siglo XIX, momento de la popularización y profesionalización del cante flamenco tal y como lo conocemos hoy, se generó un estilo fonético propio del género. Los cantaores que en aquella época llevaron el flamenco desde Andalucía hacia otras partes de España exportaron, también, fenómenos propios de su variedad. Igual que los nuevos intérpretes de otras zonas imitaban la escenografía, los gestos o la forma de interpretar de sus modelos de cante, también imitaban los sonidos que utilizaban sus predecesores. Estos fenómenos fonéticos son generales en la variedad meridional (la aspiración de sonidos como en vieho (“viejo”), ohcurah flore (“oscuras flores”), la omisión en posición final de palabra (abrí semilla “abrir semillas”) o en posición interior, como la /d/ (abrazao “abrazao”). También se observan variantes que se utilizan, sobre todo, en la zona occidental de Andalucía como el seseo (el uso de s en vez de la c, z, como en corazón, abra) o la fricatización de...
La estilización fonética del cante flamenco: sonidos que se conservan a lo largo del tiempo

La estilización fonética del cante flamenco: sonidos que se conservan a lo largo del tiempo

Lee estos versos de Lorca: “El sueño va sobre el tiempo / flotando como un velero. /Nadie puede abrir semillas / en el corazón del sueño”. Ahora, interpreta estos versos utilizando la música de La leyenda del tiempo de Camarón. ¿Has observado algún cambio fonético entre la primera lectura y en la interpretación? Seguramente sí y, de hecho, independientemente de dónde sea el lector de estas líneas, habrá pronunciado, por ejemplo, corasón, y no “corazón”. Según las conclusiones de los últimos estudios sobre el flamenco desde el punto de vista lingüístico, este cambio fonético (y otros muchos que utiliza quien canta flamenco) tiene una justificación histórica y lingüística. Parece que, a mediados del siglo XIX, momento de la popularización...

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