Sevilla, un destino de sabor y raíces para el viajero cultural
Las escapadas de fin de semana siguen creciendo en España y, con ellas, la búsqueda de experiencias auténticas. Mientras el tren se consolida como uno de los medios preferidos para estas pequeñas rutas, lo que realmente mueve al viajero cultural es otra cosa: la gastronomía tradicional y el pulso vivo de las ciudades con identidad, dos valores que en Sevilla encuentran su máxima expresión.
En este contexto, la plataforma Trainline ha impulsado una ruta diseñada junto a Juan Antonio Aguayo, creador de Guía Sevillana y académico de la Academia Sevillana de Gastronomía y Turismo, con el objetivo de mostrar una Sevilla que se disfruta con los cinco sentidos, donde cada tapa, cada esquina y cada templo resuenan con historia, arte popular y ese duende que impregna el espíritu de la ciudad.
Tapeo con alma en el corazón del casco histórico
El recorrido comienza en Casa Vizcaíno, una taberna clásica donde el ritual del tapeo cobra forma de barra de mármol, cerveza fría y tapas de toda la vida: ensaladilla, chicharrones o caballa con pimiento. Un ambiente que recuerda esa Sevilla de barrio, de compás lento y conversación cercana.
Muy cerca, el viajero puede adentrarse en el mudéjar sevillano con la Iglesia de Omnium Sanctorum, recorrer el histórico Mercado de Feria o detenerse ante la elegancia decimonónica de la Casa de las Sirenas, hoy convertida en centro cultural.
Entre vinos, madera y memoria del barrio
La ruta continúa en Bodega San Lorenzo Taplato, donde el vino es protagonista. Aquí, el fino y el oloroso comparten espacio con platos tan sevillanos como la pringá, el montadito de lomo al jerez o unas papas aliñás con melva. Un lugar donde el tiempo parece detenerse y la conversación fluye entre barriles y fotografías antiguas.
En los alrededores esperan dos puntos clave del imaginario sevillano: la imponente Basílica del Gran Poder, centro espiritual de la ciudad, y la siempre bulliciosa Alameda de Hércules, espacio de encuentro, música y vida nocturna.
Sabores de cuchara y tradición
Para un alto más reposado aparece Taberna Zurbarán, todo un homenaje al recetario popular andaluz. Cocido andaluz, berza gitana, papas con choco y productos del terreno protagonizan esta parte del recorrido, que conecta directamente con la memoria culinaria del pueblo.
A pocos pasos, el visitante puede descubrir el Convento de Santa Rosalía, joya barroca, y el Museo de Bellas Artes, una parada imprescindible para entender la sensibilidad pictórica del sur, segunda gran pinacoteca de España.
Dulce final en uno de los templos de la ciudad
La ruta culmina en un clásico sevillano: la Confitería La Campaña, fundada en 1885. Sus vitrinas, llenas de yemas, piononos, tocinos de cielo y milhojas, forman parte del paisaje sentimental de la ciudad. Probar uno de sus dulces en la terraza, con la calle Sierpes deslizándose delante, es un momento que cualquier visitante guarda en la memoria.
El paseo continúa por Sierpes hasta desembocar en la Plaza del Salvador, templo del encuentro sevillano, y termina en la estructura contemporánea del Metropol Parasol (Las Setas), desde donde la ciudad se ofrece al viajero envuelta en luz de atardecer.